El libro de
APOCALIPSIS
¡por fin
descifrado!

por Herbert W. Armstrong
Por fin han sido reveladas las profecías del
libro de Apocalipsis. Las predicciones que por tantos siglos
permanecieron cerradas y selladas, están ahora puestas al descubierto.
Presentamos aquí una vívida y sorprendente revelación de los catastróficos
sucesos que muy pronto culminarán en ¡el final de esta era!
EL PLAZO que Dios
había fijado ¡se ha cumplido! Por fin, el libro más misterioso y fascinante,
pero nunca antes comprendido, el Apocalipsis, ¡ha sido descifrado!
Por medio de
este libro, hasta ahora sellado, el Eterno Dios revela no solamente el
maravilloso mundo de PAZ, de ABUNDANCIA, de FELICIDAD y GOZO que pronto se hará
realidad durante la generación actual, ¡sino también las aterradoras
catástrofes mundiales que, como preludio a todo ello, el mundo presente está
atrayendo sobre sí mismo!
La ciencia, la
tecnología y la industria están desarrollando, en cantidades cada vez mayores,
pavorosas armas de destrucción masiva. ¡Ya tenemos a nuestro alcance los medios
para extinguir toda la vida humana de sobre la faz de la Tierra!
Mientras tanto, la
inmoralidad, el crimen, la violencia, la pobreza, la enfermedad y el hambre
acosan al hombre a un ritmo cada vez más vertiginoso. Sin embargo, existe un
Dios vivo, un Dios de amor, misericordia, compasión, sabiduría y justicia, un
Dios que está llevando a cabo un PROPÓSITO trascendental, quien dotado de PODER
SUPREMO pronto va a intervenir y, POR LA FUERZA, salvar a la humanidad
de sí misma. De hecho, si Él no existiera, entonces el inminente fin del
mundo vendría a ser también ¡EL FIN DE LA VIDA HUMANA!
Pero, felizmente,
¡Dios VIVE! Él se fija en las condiciones mundiales y está al tanto de la grave
situación que está amenazando a la humanidad, la cual se encuentra actualmente
presa en la trampa de su propia creación… ¡totalmente incapaz de evitar el
fatal destino hacia el cual se dirige a toda velocidad!
¿Qué ocurrirá primero?
Pero este feliz MUNDO
DE MAÑANA, bajo el gobierno de Dios Todopoderoso, ¡no vendrá hasta que los
hombres hayamos llegado a estar literalmente con la soga al cuello! No vendrá
hasta que el hombre haya demostrado sin duda alguna que él es totalmente incapaz
de gobernarse a sí mismo, no hasta que haya aprovechado ¡su última
oportunidad!
¡Ya es tiempo de advertir
al mundo!
Los conflictos entre
las principales potencias nucleares, las tensiones internacionales que se
agravan a diario, el desenfrenado aumento en el crimen, la violencia racial y
la violencia de toda índole, ¡se están combinando para arrojar al mundo en un
holocausto de destrucción y muerte cual no lo ha habido antes, ni lo habrá
después!
El Dios Creador
conoce la naturaleza humana y su FINAL inevitable. Desde este momento en
adelante, cada paso gigantesco en los sucesos mundiales está ilustrado en las
profecías de Dios.
Ha llegado el tiempo,
conforme al plan divino, de abrir al entendimiento humano las terribles
profecías del libro de Apocalipsis. Hoy en día la solemne advertencia
del Todopoderoso está siendo pregonada, para testimonio, alrededor del
mundo. Que atienda el lector la advertencia, en tanto que tiene la ocasión,
y anote bien esta verdad:
¡USTED NO TIENE POR
QUE SUFRIR CALAMIDAD ALGUNA! ¡Usted puede, si atiende y obedece a Dios, ser
tenido por digno de escapar de todas estas cosas que ciertamente
sucederán!
Estos no son tiempos normales
¡Ya es hora de
despertar! Estos no son tiempos normales. Después de casi 6.000 años de
comparativa quietud, a partir del año de 1.914 el mundo entero súbitamente hizo
erupción, y trepidante violencia conmovió a toda la tierra; pero no hemos visto
nada, en comparación a lo que pronto sucederá.
En poco tiempo, el
conocimiento ha aumentado en gran manera. Los progresos científicos y
tecnológicos no tienen paralelo; estos han dado lugar a comunicaciones
instantáneas, transportes increíblemente rápidos y a pavorosas invenciones
capaces de destruirlo todo. El hombre ha aprendido por fin el secreto del átomo
y con esto ha aprendido a disociar poderes, fuerzas y energías de la naturaleza
que son capaces de eliminar todo lo que tiene vida sobre este planeta.
Al mismo tiempo, el
Omnipotente Dios está revelando nuevos conocimientos. Ciertos misterios de
Dios, nunca antes conocidos ni entendidos por el hombre, han sido revelados
ahora a los verdaderos siervos del Todopoderoso.
¿Qué significa todo eso?
Todo eso significa
que aquí sobre la Tierra, se está efectuando un propósito y que ha
llegado el tiempo de que el Eterno, el Creador y Gobernador del universo, nos
revele con toda exactitud, cómo, a partir de ahora, los sucesos del mundo
cumplirán la tremenda consumación de ese propósito divino. El mundo entero está
ahora en agitación, con terribles convulsiones que no son sino el preludio de
los más formidables acontecimientos de la historia humana.
Ahora nos encontramos
precisamente en la crisis del fin de lo que la Biblia llama "el
presente siglo malo" (Gálatas 1.4).
Una tercera parte de la
Biblia es profecía
Aproximadamente una tercera
parte de la Biblia está dedicada a la profecía. El contenido de muchos libros
de las Sagradas Escrituras, especialmente del Antiguo Testamento - Isaías,
Jeremías, Ezequiel y otros, incluso los de los llamados profetas
"menores" - es casi exclusivamente PROFÉTICO.
Se da cuenta usted de
que la IGLESIA de Jesucristo está de hecho edificada sobre el FUNDAMENTO mismo
de estos PROFETAS y sus escritos proféticos? Encontramos tal declaración en Efesios
2.20.
Pero el panorama general
de todas las profecías se encuentra en dos libros proféticos, uno del Antiguo y
otro del Nuevo Testamento, a saber: Daniel y el Apocalipsis. Sólo
en el libro de Apocalipsis encontramos en ORDEN CRONOLÓGICO y de un modo
correlativo, acontecimientos que, al ser descritos por otros profetas, no
parecen tener relación entre sí.
Mientras que el libro
de Apocalipsis es en sí como una CLAVE vital que da acceso a una gran
porción de las otras profecías, se requieren ciertas claves adicionales para
entender propiamente este singular volumen.
Una clave importante
es reconocer que en el Apocalipsis hay una narración que va coordinando
uno con otro los acontecimientos futuros en orden cronológico, con insertos
ocasionales inyectados en la ilación de la historia.
Analicemos ahora este
libro que a muchos les parece el más misterioso e insondable de todos los
libros proféticos. Nada pudiera ser más inquietante, y ¡nada en este mundo tan
agitado y trastornado, pudiera ser MÁS IMPORTANTE! El libro de Apocalipsis
describe precisamente la hora crítica en que vivimos, y ¡descorre la cortina
que cubre el futuro!
Una profecía sellada
El Apocalipsis
fue dado como un libro místico y cerrado, que tenía forma de un rollo sellado
con siete sellos. Asimismo, algunas de las profecías reveladas a Daniel y
escritas de su puño y letra, estuvieron también cerradas y selladas hasta
este preciso tiempo de CRISIS MUNDIAL que precede a la consumación de esta era.
Daniel escribió al
final de su libro: "Y yo oí, mas no entendí". Es decir, él
pudo oír lo que el ángel le estaba revelando, y lo escribió en el libro que
lleva su nombre, pero no pudo descifrar el significado de las profecías que
bajo inspiración escribió. El ángel le dijo a Daniel: "CIERRA las palabras
y SELLA el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para
allá, y la ciencia se aumentará" (Daniel 12.4).
Así como las
profecías de Daniel estuvieron CERRADAS y SELLADAS hasta el tiempo del fin - la
actual crisis mundial del fin, este tiempo de transportes rápidos en que los
hombres corren de aquí para allá, este tiempo en que la ciencia ha aumentado -
así también las profecías del libro de Apocalipsis permanecieron selladas
hasta hoy.
Sí, durante muchos
siglos estuvieron ocultas bajo siete sellos, según lo veremos más
adelante.
Pero es menester que
nos demos cuenta de que estamos viviendo ya en el dinámico, terrible y agitado
"TIEMPO DEL FIN"; ¡se acerca la crisis mundial de la CONSUMACIÓN de
la presente era! Las profecías y misterios de Dios, hasta ahora sellados,
han sido REVELADOS en la actualidad a los que Dios ha escogido para pregonar su
último mensaje al mundo, para testimonio. Jesucristo, cabeza de su Iglesia, es
el REVELADOR; es Cristo quien ha descubierto estos misterios a sus siervos.
¡Ha llegado el tiempo
para que los siervos de Dios le den a conocer a USTED estas tremendas profecías
del libro de Apocalipsis!
Examinemos pues,
este libro. Preparémonos para considerar directamente el primer capítulo,
empezando desde el primer versículo de este emocionante volumen. Veamos
lo que realmente dice. ¡Le aseguramos que le esperan muchas SORPRESAS!
La revelación de Jesucristo
El preámbulo dice
así: "La revelación de Jesucristo… para manifestar a sus siervos
las cosas que deben suceder pronto".
La palabra ‘Apocalipsis’,
la cual no es castellana sino griega, significa REVELACIÓN, no enigma, secreto
ni escondrijo. Sin embargo, la profecía concerniente a ciertos acontecimientos
que pronto tendrán lugar en el mundo, la cual se encuentra en el libro que
lleva por título "Apocalipsis", fue sellada con siete sellos,
de manera que absolutamente NADIE, excepto Jesucristo, fue hallado digno de
quitar los sellos y REVELAR el significado de las profecías.
Notemos ahora que fue
Dios quien dio estas profecías a Cristo. Los primeros tres versículos
forman la introducción; leámoslos:
"La revelación
de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que
deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo
Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de
Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los
que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas;
porque el tiempo está cerca" (Apocalipsis 1.1-3).
Notemos que fue DIOS
EL PADRE quien DIO ORIGEN a la profecía. Esta es la revelación, no el
encubrimiento, sino la EXPLICACIÓN, el descubrimiento que Jesucristo hace del
libro que Dios Padre le dio sellado.
Cristo, el Verbo o
VOCERO de Dios, nos dice claramente en Juan 12.49 y en otros pasajes,
que Él nada habló de sí mismo, sino solamente lo que el Padre le
encomendó que dijese. Cristo es el Verbo. Cristo es el REVELADOR.
Juan no es el revelador
Oímos la expresión
tan común: "Juan el Revelador", pero como ya hemos visto, esta es la
revelación de Jesucristo. Es Cristo, no Juan, el que hace la explicación. Esto
mismo es otra clave vital para entender el contenido de este libro. Así pues,
dicha revelación se originó en Dios el Padre, quien se la dio a Cristo, el cual
a su vez la envió y declaró por medio de su ángel, a su siervo Juan. Por
consiguiente, Juan fue únicamente un siervo quien dio testimonio escrito
de esa revelación. Él fue simplemente el secretario o estenógrafo, Por así
decirlo, pero no el revelador.
Ahora, tomemos nota
de que Juan testificó por escrito acerca de tres cosas: 1) la palabra de
Dios; 2) el testimonio de Jesucristo; y 3) todas las cosas que vio.
Por lo tanto, el
libro de Apocalipsis, como toda la Escritura, es simplemente la palabra
de Dios; pero parte del mismo comprende las declaraciones directas de
Jesucristo, o sea la transcripción textual de sus dichos. Luego Juan escribió
las cosas que vio, en VISIÓN, o como la Biblia lo expresa: "en el
ESPÍRITU". Casi toda la profecía del libro está comprendida en las cosas
que Juan vio en VISIÓN, y la mayoría de estas son SÍMBOLOS.
Luego encontramos en
el tercer versículo, la siguiente declaración: "Bienaventurado el
que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en
ella escritas; porque el tiempo está cerca".
Una bienaventuranza o
BENDICIÓN es pronunciada a quien lea estas palabras… ¡siempre y cuando
sea sumiso y obediente para GUARDAR las ordenanzas incluidas en dicho
mensaje!
La
bella salutación empieza en el versículo 4 y continúa hasta el final del
capítulo primero. La clave dominante del libro, es decir su tema
Principal, aparece exactamente a la mitad del primer capítulo, en el versículo
décimo.
El tema del libro
¡He aquí el versículo
clave, el cual declara el tema de la revelación entera! Y es aquí,
precisamente, donde muchos empiezan a tropezar y a malentender.
El tema es EL DÍA DEL
SEÑOR; leámoslo: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí
detrás de mí una gran voz como de trompeta" (versículo 10).
Por no entenderse
bien el citado versículo, se han suscitado interminables controversias,
trayendo por ende gran confusión, ya que aseguran algunos que el DÍA de la
semana en que Juan ESCRIBIÓ este mensaje era sábado, y otros afirman que era
domingo, ignorando que Juan ¡no se estaba refiriendo a NINGÚN día de la
semana!
El día en que Juan se
puso a escribir la revelación, si es que pudo haber escrito todo en un sólo
día, carece de importancia, puesto que este versículo no se refiere a eso en lo
absoluto, sino al período profético llamado en más de 30 profecías el grande y
terrible "DÍA DEL SEÑOR".
Este hecho es
confirmado por el comentarista y experto en el idioma griego Adolf Diessmann,
quien escribió que tanto la gramática como el contexto indican que "el
`día del Señor’ aquí se refiere al día de Yavéh: el día del juicio" (Encyclopædia
Bíblica, artículo "Día del Señor"). El
erudito J.F.A. Hort, especialista en la crítica textual del Nuevo Testamento,
apoya este mismo concepto, confirmando que es el que "mejor concuerda con
el contexto" y que "revela el tema del libro" (The
Apocalypse, páginas 15-16).
En Espíritu - en
VISIÓN - Juan fue transportado hacia el futuro, fue proyectado
hacia el día del Señor, tiempo que está ya casi por iniciarse. Juan pudo
ver, con casi 1.900 años de anticipación, lo que ocurrirá durante la
presente generación.
El profeta Joel
describe el día del Señor como el terrible período en que Dios enviará
DESTRUCCIÓN sobre las inicuas naciones del mundo. Sofonías lo llama el
día de la IRA de Dios. Se menciona a lo largo del libro de Apocalipsis para
señalar la hora en que Dios Todopoderoso aparecerá en escena, cuando de una
manera sobrenatural INTERVENDRÁ en la diabólica y destructiva contienda que
prevalece entre los hombres, ¡enviando sus PLAGAS para castigar a los
pecadores! Es el período que sigue inmediatamente después de la gran
tribulación y que CULMINARÁ en la GLORIOSA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.
Una revelación para nuestros
días
Así, en el Espíritu, es
decir en VISIÓN, cuando a Juan le fue mostrada la profecía -
"las cosas que él vio" - fue proyectado hacia la época ACTUAL y el
futuro inmediato. Lo mismo ocurrió al profeta Ezequiel, según quedó consignado
en el capítulo 8, versículo 3 del libro del mismo nombre: "Y
aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el
Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a
Jerusalén…"
En efecto, Ezequiel
no fue llevado a Jerusalén, sino que el ESPIRITU lo elevó, transportándolo por
medio de una VISIÓN a la Ciudad Santa. De la misma manera Juan, en Espíritu,
fue transportado para que viese, en visión, los eventos que habrían de ocurrir
en el DÍA DEL SEÑOR, sucesos que están empezando a efectuarse ya sobre
la Tierra y que usted y yo presenciaremos.
Esta visión es VITAL.
El escenario de la profecía no es la Edad Media, sino el presente caótico en el
cual vivimos. Es pues imperativo que comprendamos el mensaje profético que
encierra. ¡Que Dios nos ayude a entender!
El verdadero propósito
de este libro es mostrarnos a los de esta generación los
acontecimientos del día del Señor, los cuales sacudirán al mundo en un futuro
ya casi inmediato. Ese será el tiempo de la ejecución de los juicios de Dios,
al final de esta era, los cuales culminarán en LA SEGUNDA VENIDA DE
CRISTO, y el feliz y pacífico MUNDO DE MAÑANA.
Hemos tomado bastante
tiempo en explicar esta salutación y preámbulo, porque es la CLAVE y el TEMA de
toda la profecía. Es muy importante orientarnos primero para fijar
correctamente los CIMIENTOS.
El mensaje a las iglesias
El primer mensaje del
libro figura en los capítulos segundo y tercero, el cual es
enviado a las siete iglesias. En realidad son siete mensajes PROCEDENTES
DIRECTAMENTE DE JESUCRISTO, los cuales contienen el TESTIMONIO patente de Él.
Aquí, Cristo se vale de la condición espiritual que en efecto prevalecía en
siete iglesias que existían entonces en Asia Menor, para PROFETIZAR la
condición espiritual y las obras que habría de realizar la verdadera Iglesia de
Dios, en el cumplimiento de la gran comisión dada por Él, durante SIETE
PERIODOS SUCESIVOS desde su fundación hasta el fin de esta era y la segunda
venida de Cristo.
Los hombres jamás han
comprendido el significado de estos mensajes, por cuanto no han sabido a
quiénes fueron dirigidos. Estos mensajes no son para las grandes iglesias, con
sus sectas y divisiones, que PROFESAN ser cristianas; antes bien, son mensajes
de Cristo, cabeza viviente de su Iglesia, a su VERDADERA CONGREGACIÓN, la cual
habría de tener siete etapas sucesivas a partir de su origen en el año 31 de
nuestra era, hasta una época que aún pertenece al futuro. Puesto que con una
sola excepción, estos mensajes no contienen profecías acerca de las condiciones
presentes ni futuras del mundo, pasaremos por alto estos dos capítulos
en el presente folleto.
Ahora pasemos
rápidamente a los capítulos cuarto y quinto, donde encontramos el
PRELUDIO de las profecías más importantes del libro.
Se instala el escenario
Juan se encontraba en
la isla de Patmos, en el mar Mediterráneo; pero en su visión, aparece como
transportado al cielo, al trono mismo de Dios.
En la visión, mira a
Dios el Padre sentado sobre su trono. Delante del solio están los cuatro seres
vivientes y los 24 ancianos. En medio de ellos, de pie frente al asiento real
del Padre, está Jesucristo. El libro de la profecía se halla en la mano derecha
del Padre.
Leamos la descripción
literal del cuadro anterior: "Después de esto miré, y he aquí una puerta
abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando
conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de
estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido
en el cielo, y en el trono, uno sentado" (Apocalipsis 4.1-2).
Los versículos
restantes del capítulo cuarto describen la escena celeste que Juan
contempló en visión. Alrededor del trono estaban los 24 ancianos, sentados
sobre 24 tronos pequeños, envueltos en vestiduras blancas, con coronas de oro
sobre sus cabezas. A cada lado del trono estaban cuatro seres vivientes, todos
adorando al Dios Todopoderoso sentado sobre su trono.
¡He aquí una
revelación de lo que tiene lugar en el trono mismo del Gobernador del universo!
He aquí un vislumbre de la sede gubernamental del universo entero.
Ahora llegamos al
importantísimo capítulo quinto del Apocalipsis. El versículo
Primero dice: "Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el
trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos".
Un libro misterioso
He aquí el verdadero
libro de la profecía. Es muy significativo que tan enigmático libro se encontrara
en la diestra de Dios. También debemos aclarar que este no era igual a los
libros que usamos hoy en día, con muchas páginas encuadernadas y unidas, sino
un largo pergamino o rollo escrito por ambos lados, enrollado y
sellado con siete sellos. Ese número es significativo: siete es el
número que Dios usa para denotar perfección o calidad de completo. En
consecuencia, este libro profético estaba sellado de una manera completa y
perfecta, cerrado de tal manera que no podía ser visto o leído… ni mucho menos
entendido.
El citado libro vino
originalmente de Dios el Padre, y permanecía sellado tal como vino de Él. Es
muy importante notar que los siete sellos abarcan toda la profecía del libro.
Su significado estaba
completamente sellado y oculto. Notemos ahora lo que dicen los versículos 2
y 3 del citado capítulo 5: "Y vi a un ángel fuerte que
pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y
ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el
libro, ni aun mirarlo".
Recuérdese bien esas
palabras.
¡La profecía aparece
SELLADA! NADIE es digno o capaz de descubrirla o REVELARLA de manera que
podamos leer su verdadero significado.
¿Por qué no han leído
los hombres esa declaración tan clara y simple? Ningún ser humano Puede
explicar el significado de esta gran profecía. ¡Está completa y perfectamente
SELLADA! ¿Por qué entonces los hombres han intentado decirle al público que
ellos pueden leer y revelar tan maravillosa y sorprendente profecía?
Juan no es el
revelador. Esta no es la revelación de Juan, ni de ningún modernista, ni de
ningún líder eclesiástico, ni tampoco de secta o denominación religiosa alguna.
Para todos ellos sigue aún ¡SELLADA!
Pero, pongamos más
atención, porque aquí viene la LLAVE que abre las puertas del entendimiento:
"Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu
de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete
sellos" (versículo 5).
¿Quién abriría el libro?
¡He ahí la clave del
enigma! El león de la tribu de Judá, la raíz de David, es JESUCRISTO. Ningún
HOMBRE puede interpretar esta profecía de tanta trascendencia; sólo Jesucristo,
el Hijo de Dios, quien en la escena está de pie ante el trono de Dios el Padre,
es digno de abrir estos sellos y REVELARNOS su significado.
Esta no es la
interpretación del que escribe este folleto, sino que es ¡la revelación de
JESUCRISTO!
Jesús es el
Revelador, no Juan ni ningún dirigente eclesiástico, ni secta u organización
religiosa alguna. Esta es la revelación de JESUCRISTO que el Padre le dio a ÉL!
Ahora sigamos leyendo: "Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que
estaba sentado en el trono" (versículo 7).
Nos acercamos ahora a
la CLAVE que descorrerá el velo que cubre esta misteriosa profecía, la cual ha
confundido a todas las iglesias de este mundo durante casi 1.900 años. Cristo
es el único capaz de aclarar esta, la mas grande de todas las profecías
concernientes a los ACONTECIMIENTOS DEL MUNDO DE HOY y a los tremendos
cataclismos que tendrán lugar en los años inmediatos.
Pero antes que
lleguemos al capítulo sexto, donde veremos lo que efectivamente aparece
escrito en este libro misterioso, conforme Cristo va desatando uno a
uno sus sellos, notemos lo siguiente: "Y cantaban un cántico nuevo,
diciendo: ¡Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque
fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, hombres de toda
tribu, y lengua, y pueblo y nación; y los has hecho para nuestro Dios reyes y
sacerdotes; y reinarán sobre la tierra!" (Apocalipsis 5.9-10, Versión
Moderna).
Sí, la visión aparece
en el cielo, pero escenifica ACONTECIMIENTOS que han de ocurrir en la TIERRA.
Aquellos seres entonaban un canto glorioso, diciendo que los redimidos por
Cristo habrán de gobernar y de REINAR CON ÉL. Ministrarán como reyes y
sacerdotes para salvar a las gentes. ¿Dónde? ¿En el cielo? ¡No! Leamos con toda
atención la parte final del versículo diez: "y reinarán SOBRE LA
TIERRA".
Cristo dijo en Juan
14.3: "Y si me fuere", y en efecto Él se fue al cielo a la
diestra del trono de Dios el Padre. Pero hizo además una solemne promesa:
"VENDRÉ OTRA VEZ". Cristo vendrá OTRA VEZ para gobernar toda la
TIERRA como Rey de reyes y Señor de señores. Las últimas palabras de este libro
de Apocalipsis son: "El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, VEN, Señor Jesús".
Llegamos ahora al capítulo
sexto del Apocalipsis, la propia revelación.
Los siete sellos
Jesús abre los
misteriosos sellos uno por uno. Los seis primeros son abiertos en este capítulo
sexto. ¿No le parece eso extraño? Muy breve espacio es dedicado a cada uno
de estos seis primeros sellos, tan breve que están condensados en un sólo
capítulo, a pesar de que le quedan 16 capítulos al libro. Pero como los siete
sellos abarcan la profecía entera, comprendida en 17 capítulos, nos quedamos
con 16, los cuales se ocupan de describir únicamente los sucesos pertenecientes
al séptimo sello.
Ahora, conforme
llegamos a este importante capítulo sexto del libro de Apocalipsis
o revelación, recordemos la descripción de la escena y sus personajes. No
olvidemos que el libro es una declaración por escrito de las cosas que Juan vio
en VISIÓN y que aun cuando en realidad el apóstol se encontraba en una isla del
Mediterráneo, aquí sobre nuestro planeta, según la visión, aparece como
transportado al cielo mismo donde se encuentra el trono del Eterno. El libro de
la profecía en forma de un pergamino enrollado, está en la diestra de Dios el
Padre, quien se halla sentado en su trono; Jesucristo, representado aquí como
el Cordero de Dios, se ve de pie ante el trono de su Padre.
Jesucristo, el
Revelador, toma ahora el libro profético de la mano derecha de Dios el Padre, y
empieza a desatar uno a uno los sellos que cubren la profecía.
Las porciones
proféticas de estos escritos de Juan están contenidas en las cosas que él vio,
por medio de una visión. Nótese ahora el primer versículo del capítulo
sexto: "Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de
los cuatro seres vivientes decir como con una voz de trueno: Ven y mira".
Juan tomó nota, para
nosotros, de lo que contempló en la visión. Él vio al Cordero, Jesucristo el
Mesías, abriendo el primero de los siete sellos. Los cuatro seres
vivientes le invitaron a venir y ver lo que estaba bajo el primer sello:
"Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un
arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer" (versículo
2).
La revelación dada en
símbolos
Precisamente aquí empieza
el verdadero misterio. ¿Qué es este caballo blanco? Es solamente un símbolo, y
es importante notar que los símbolos son susceptibles a muy variadas
interpretaciones. Las explicaciones que por siglos se han hecho respecto de
estos símbolos han sido muy humanas, y por ende, muy erróneas. Este caballo
blanco ha recibido las más variadas interpretaciones.
Continuemos leyendo:
"Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que
decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le
fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y
se le dio una gran espada".
"Cuando abrió el
tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré,
y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la
mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos
libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no
dañes el aceite ni el vino".
"Cuando abrió el
cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.
Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por
nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta
parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las
fieras de la tierra" (versículos 3-8).
Esos son los famosos cuatro jinetes del Apocalipsis.
Repetimos que Apocalipsis
no es una voz castellana, sino griega. El apóstol Juan escribió este libro
de revelación en griego. La citada palabra Apocalipsis, traducida al
castellano, simplemente significa ‘revelación’ (véase el diccionario Pequeño
Larousse Ilustrado, parte histórica). Así que, los cuatro jinetes
del Apocalipsis son sencillamente cuatro símbolos proféticos del libro de
revelación.
Pero, ¿quiénes son
estos místicos jinetes? ¿Qué representan estos símbolos? ¿Quién tiene la
interpretación correcta? La verdad es que ningún hombre ni organización de
hombres, ya sea religiosa o de cualquier otra índole, tiene poder alguno para
revelar este significado. Solamente JESUCRISTO fue hallado digno de descifrar
la escritura simbólica perfectamente guardada bajo aquellos enigmáticos sellos.
¡Jesucristo es el Revelador!
Cuando Cristo, según
la visión de Juan, desató los cuatro primeros sellos que lacraban este
pergamino profético, Juan solamente vio lo que, en forma por demás peculiar,
apareció escrito allí. La escritura está en SIMBOLOS, y Dios se vale de
símbolos para OCULTAR a los hombres el significado de sus propósitos, hasta
que Jesucristo mismo lo revela.
Así que, notemos bien
esta situación. En los primeros, ocho versículos del capítulo sexto,
encontramos la descripción que dio Jesucristo, la cual revela la extraña
escritura trazada en símbolos místicos; pero Cristo, el único Revelador, ¡no
explica aquí el significado! Simplemente da a conocer las palabras
simbólicas, pero no el significado.
La clave de los siete sellos
¿A quién acudiremos
para que nos dé el verdadero significado? La respuesta es obvia. ¡Al verdadero
Revelador, por supuesto! Y en virtud de que Cristo, el Revelador, no explica el
significado en este mismo pasaje, DEBEMOS BUSCAR EN OTRA PARTE para encontrar
cuándo y dónde Jesús explica el sentido de estos símbolos.
¡Esa es la clave
suprema para entender el libro de Apocalipsis! Eso debiera explicarnos por
qué los hombres de este mundo no han podido explicar el verdadero sentido de
los cuatro jinetes.
Ahora tengamos en
cuenta dos cosas: primero, Cristo es llamado el Verbo en los primeros
versículos del evangelio de Juan, es decir que Él es la Palabra o el
Vocero de Dios. Jesús, en persona, hace 1.900 años, era la Palabra de Dios
corporal y viviente. Pero hoy en día tenemos la Palabra de Dios escrita: la
Santa Biblia. La Biblia entera es la Palabra de Dios. Su divino autor, en
realidad, es Jesucristo. ¡La Biblia toda, es su Palabra escrita!
Segundo: un símbolo
es en mucho semejante a una parábola. Un símbolo es una figura o cosa
usada para representar otro objeto, mientras una parábola es una experiencia
empleada para suscitar el pensamiento de otra cosa, persona o suceso.
Ahora quiero que nos
demos cuenta de un hecho muy importante que la mayoría nunca ha comprendido.
¿Supone usted, como casi todo el mundo, que Jesús habló en parábolas para hacer
sus explicaciones más sencillas y claras, a manera de ilustración, para
que la gente entendiera mejor lo que quería decir?
Si así es, está
equivocado. Por el contrario, aunque muchos no lo crean, Jesús habló en parábolas
para encubrir, para ocultar el verdadero significado de sus
palabras a las multitudes que constantemente le seguían. El conocimiento de tal
verdad pone en nuestras manos la CLAVE que da acceso a la comprensión de los
símbolos del Apocalipsis.
Así que observemos
cuidadosamente lo que dice la Escritura acerca de la parábola del sembrador:
"Cuando estuvo
solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la
parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del REINO de
Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que
viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para
que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados" (Marcos
4.10-12)… y luego Jesús procedió a
explicar a sus discípulos, en lenguaje claro, el significado de la
parábola.
Entendamos bien esto:
¡Jesús se dirigió a la gente en parábolas para encubrir el verdadero
significado a quienes Él no había designado para que lo entendieran! Cristo no
reveló en aquel momento, ni en aquel lugar, el sentido de la
parábola; pero más tarde la explicó a sus discípulos en lenguaje bien claro.
Exactamente de la
misma manera encontramos en este capítulo sexto del Apocalipsis
una profecía envuelta en misteriosos SÍMBOLOS que han encubierto el verdadero
significado a las generaciones de los últimos 1.900 años aproximadamente. Por
lo tanto, si queremos ENTENDERLA realmente, tenemos que hacer lo que hicieron
aquellos discípulos: debemos acudir a Jesús, el único y verdadero Revelador.
Puesto que ahora su mensaje a nosotros, los de esta era, es la Palabra de Dios
escrita, la Biblia, debemos escudriñarla hasta encontrar el pasaje o pasajes
donde este mismo Jesús nos explique en lenguaje sencillo los acontecimientos
que dichos símbolos representan.
¿Se quiere decir con
esto que Jesús explicó en lenguaje claro los acontecimientos que habrían de
tener lugar al cierre de esta era, al fin de estos turbulentos días de
guerras que culminarán con el día del Señor y la segunda venida de Cristo?
¡Efectivamente así
es! Cuando sus discípulos vinieron a Él al monte de los Olivos, cuando ellos a
quienes les era dado entender estos misterios se llegaron a Él "aparte",
le preguntaron: "Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá
de tu venida, y del fin del siglo?" Jesús dio como respuesta, en lenguaje
claro, una sorprendente profecía que describía las condiciones del mundo actual
y de nuestro futuro inmediato.
¿Qué significan los sellos?
Aquí tenemos, pues,
la explicación de los símbolos de Apocalipsis 6, la clave que descifra
la revelación de los sellos.
Esta trascendental
profecía dada en el monte de los Olivos, está consignada en Mateo 24, Marcos
13 y Lucas 21. En ella Jesús bosquejó, en lenguaje simple y claro,
siete cosas que habrían de ocurrir. Aquí Jesucristo, el Revelador, manifiesta
el verdadero significado de los siete sellos que cubren toda la profecía del
libro.
Ahora, por medio del
evangelio de Mateo, enterémonos de las primeras cuatro etapas de los sucesos
que predijo Jesús.
"Respondiendo
Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre,
diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores
de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto
acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y
reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes
lugares. Y todo esto será principio de dolores" (Mateo 24.4-8).
¡AQUÍ, EN SÍNTESIS,
SE DA UN RESUMEN DE LAS NOTICIAS MUNDIALES DESDE EL AÑO 31 DE NUESTRA ERA HASTA
AHORA!
Nótese este principio
consistente: Una vez que se inicie una condición predicha por Jesús, permanece
continuamente hasta su segunda venida.
Es menester que
observemos un principio fundamental que se desprende de esta profecía de Mateo
24, y del capítulo sexto del Apocalipsis. Ocurrirán siete
acontecimientos sucesivos; por ejemplo, la primera condición que Jesús predice
es la de los FALSOS MAESTROS que habrían de extraviar y engañar, no a unos
pocos, sino a ¡muchos!
Tal predicción empezó
a cumplirse casi inmediatamente. El apóstol Pablo escribió acerca de ello
expresando que ya en esa época el espíritu de iniquidad había empezado a obrar.
Y tal espíritu no ha cedido; por el contrario, ha cobrado intensidad de tal
manera que ya ha logrado influenciar al mundo entero, el cual, como claramente
fue profetizado, habría de ser engañado y extraviado respecto de las verdades
de Dios consignadas en la Biblia.
Como la ignorancia de
la Palabra de Dios y sus leyes acarrea guerras, la siguiente condición
profetizada fue guerras y rumores de guerra. Ciertamente, en aquellos días hubo
guerras, pero en lugar de cesar, estas han ido aumentando progresivamente y
cada vez son más terribles y más destructoras, hasta que en la actualidad
encaramos el interrogante de si la vida humana puede sobrevivir otra guerra,
que de librarse, será con armas nucleares. Sí, como lo afirman las Escrituras
con toda veracidad, el pecado y los hombres pecaminosos, van de mal en peor,
degenerando y no mejorando, como el hombre quiere creer.
Jesús clasificó estos
cuatro sucesos de la siguiente manera:
Primero: falsas
enseñanzas acerca de Cristo, desvirtuando y derogando su verdadero evangelio.
Segundo: guerras, que
en la crisis del fin de esta era habrían de convertirse en guerras mundiales,
nación contra nación y reino contra reino. Estamos ahora en la segunda tregua
entre guerras mundiales.
Tercero: hambres.
Cuarto: pestilencias
o epidemias, que vienen como consecuencia del hambre y la guerra.
¡En esto precisamente
nos encontramos ahora! Este es solamente el principio de los COLOSALES EVENTOS
PROFETIZADOS PARA ESTE SIGLO XX.
Las dos primeras
guerras mundiales ocurrieron ya, y los rumores de guerras persisten por todas
partes. Lo que acudirá luego a la tierra, será el hambre, las enfermedades,
epidemias y la Tercera Guerra Mundial, ¡todo ello en tan azarosa magnitud, cual
este mundo jamás ha soñado ni imaginado siquiera!
Pero comparemos ahora
lo anterior con los primeros cuatro sellos en el capítulo sexto del Apocalipsis.
Aquí está La propia revelación de Jesús, explicando en lenguaje claro lo que
representan los místicos cuatro jinetes.
La sorprendente comparación
El primero fue un
caballo blanco. Muchos, según sus interpretaciones humanas, se han basado en el
capítulo 19 del Apocalipsis, donde encontramos la descripción del
glorioso retorno de Cristo sobre un caballo blanco, y han cometido el grave
error de afirmar que este primer sello ilustra también la segunda venida de
Cristo, en virtud de que se menciona un caballo de albo color. Pero la
revelación de Cristo indica que el caballo del primer sello escenifica
exactamente lo contrario: representa a los que predican un Cristo falso,
diferente del Cristo del Nuevo Testamento. ¡Se refiere a esta GRAN IMPOSTURA
que ha descendido como negra nube sobre la Tierra para ocultar a los hombres la
gloriosa verdad de Dios!
Todas las guerras, no
importa su magnitud, son el resultado de la transgresión de la suprema ley
espiritual de Dios, la cual Jesús vivió y predicó. La falsa enseñanza que
rechaza la LEY y el GOBIERNO de Dios, y respalda o sanciona los caminos y
maneras de obrar de los hombres, conduce inevitablemente a la GUERRA; estas son
cada vez más temibles y colo
El segundo sello
describe un caballo rojo - color de sangre - y
su jinete; como Jesús lo revela, este representa la GUERRA. "Y salió otro caballo,
bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y
que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada" (Apocalipsis
6.4).
El tercer caballo
representa el HAMBRE: "Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser
viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que
lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz en medio de los cuatro
seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras
de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino" (Apocalipsis
6.5-6).
Y cuarto, como
secuela de la ola de hambre, surgirán terribles ENFERMEDADES EPIDÉMICAS:
"Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre
Muerte, y el Hades [el sepulcro] le seguía; y le fue dada potestad sobre la
cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y
con las fieras de la tierra" (Apocalipsis 6.8).
He ahí la propia
explicación de Cristo acerca de los cuatro misteriosos jinetes. Pero esto nos
trae al pavoroso presente. ¡y sólo hemos cubierto el principio de la profecía!
Vayamos ahora al
siguiente acontecimiento, que según la profecía, ¡sacudirá al mundo hasta sus
cimientos!
La gran tribulación
Literalmente docenas
de profecías tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento describen este
colosal evento mundial. Para explicar todo lo que en las profecías bíblicas
está escrito acerca de ello, se requeriría el espacio completo de muchos
artículos.
Es de vital
importancia saber - y estar preparado porque nadie tiene que
atemorizarse… ¡si presta atención y busca diligentemente la protección de Dios!
Regresemos
momentáneamente a Mateo 24. Recordemos que estamos ahora en el segundo
intermedio o pausa que precede a la próxima guerra mundial. Las hambres y las
enfermedades epidémicas han ido aumentando en proporción alarmante durante los
últimos años, pero la final y gran hambre mundial, seguida de enfermedades
epidémicas, no nos ha azotado aún. Estos sucesos nos trajeron al versículo 8.
Estamos ya empezando a experimentar tales condiciones, pero no hemos alcanzado
su furia final. Así que, tomemos nota ahora de lo que fue dicho acerca de todo
esto: "Y todo esto será principio de dolores" (Mateo 24.8).
Sí, aun estas cosas
que hemos venido comentando son apenas el PRINCIPIO de dolores… o más
propiamente traducido, de angustia o TRIBULACIÓN.
Sí, cuando la furia
del hambre y las enfermedades epidémicas alcance su máximo, todo lo cual indudablemente
vendrá como consecuencia de la guerra mundial, entonces se iniciará la tantas
veces profetizada GRAN TRIBULACIÓN. Ese es precisamente el siguiente
acontecimiento acerca del cual el Omnipotente Dios advierte al mundo.
Veamos cómo explica Jesús,
en lenguaje sencillo, este quinto acontecimiento que sacudirá al mundo:
"Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos
de todas las gentes por causa de mi nombre" (Mateo 24.9).
Nótese que aquí la
Escritura hace mención de dos grupos de personas: "ellos" y
"vosotros". En el lenguaje del Nuevo Testamento el pronombre
vosotros, a menos que claramente se defina de manera distinta, se refiere a los
cristianos verdaderamente convertidos, o a Israel y Judá como naciones, o a todos
estos grupos. Si se está hablando espiritual e individualmente, el pronombre
"vosotros" se refiere a los que son en verdad hijos engendrados de
Dios. Si el contexto está hablando nacionalmente, se refiere a Israel, a Judá,
o a ambas.
En este caso, al
comparar este texto con el relato de Marcos (capítulo 13) y de Lucas
(capítulo 21) nos damos cuenta del uso dual que se le da al pronombre
‘vosotros’, incluyendo tanto a los cristianos espiritualmente engendrados como
a las naciones físicas de Israel.
Antes de proceder, es
importante que tomemos nota de otra clave indispensable para entender casi
todas las profecías. Hay dualidad en prácticamente todo lo que se relaciona con
el plan de Dios y con el desarrollo de su propósito aquí en la Tierra. Hubo un
Antiguo Pacto, y hay ahora un Nuevo Pacto. Esta dualidad ocurre en todo el plan
de Dios y ocurre también en las profecías. Por lo general hay un cumplimiento
anterior o típico, y luego un cumplimiento final. Por no entender esta clave
vital, muchos se equivocan totalmente en sus esfuerzos por comprender o
explicar las profecías.
Esta tribulación de
hecho le sobrevino a la nación de Judá, en el sentido preliminar, en el año 70 de
nuestra era, pero esa fue solamente la precursora de la gran INVASIÓN NACIONAL
y de la CAUTIVIDAD que está por acontecer.
Este tiempo de
tribulación está descrito claramente en Lucas 21.23-24,
donde leemos: "Porque habrá grande calamidad en la tierra, e ira sobre
este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las
naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de
los gentiles se cumplan".
El pasaje anterior
habla de guerra, de invasión nacional y de cautividad, lo cual en efecto
ocurrió a Judá en el año 70 de la era cristiana. Pero eso fue tan sólo el
precursor típico. El acontecimiento culminante de esta profecía está todavía
por ocurrir, ¡justamente antes de la venida de Cristo!
SECUENCIA DE
ACONTECIMIENTOS
en el libro de Apocalipsis
LOS SELLOS
|
1 |
Falsos profetas |
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|
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|
2 |
Guerras |
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|
3 |
Hambres |
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|
4 |
Pestilencia |
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|
|
|
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|
|
5 |
Tribulación |
|
|
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|
|
|
|
6 |
Señales celestiales |
|
|
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|
|
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|
1 |
|
|
Dañan a |
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